REFLEXIONES
Vivimos en un mundo globalizado por las comunicaciones, un mundo que ha cambiado, y mucho, en este comienzo de siglo. Uno de los mayores logros de los últimos tiempos creo que es, sin dudas, el acceso a internet. Una herramienta que nos permite tener a nuestra disposición todo tipo de contenidos. Nunca en la historia de la humanidad resultó tan fácil obtener información de cualquier tema como en la actualidad. La biblioteca más grande de la historia está ahí, sólo hay que aprender a buscar.
Con respecto al tema que nos compete, la pesca, sin dudas internet ha sido no sólo una gran herramienta de información, sino también una excelente manera de relacionarse con pescadores de distintos lugares que pueden tener una visión muy distinta o similar a la nuestra; o sea: internet nos ha permitido encontrar nuevos amigos y nuevas ideas.
Ahora creo que quizás valoramos esta herramienta como es debido sólo aquellos que crecimos y aprendimos a pescar sin ella.

¿Por qué digo esto?
Simplemente porque noto que gran parte de la nueva generación de pescadores (los que han nacido junto con internet, ya sea porque arrancaron a pescar con ella o simplemente porque por su juventud siempre estuvo) entiende la red de una manera peligrosa: es el lugar donde encontrar los deberes hechos.
No se conforman con recibir la idea, quieren recibir la solución; no tienen intenciones de experimentar, de probar señuelos, técnicas o lugares.
Por ejemplo, con los muñecos las preguntas más repetidas son: “¿qué señuelo anda?”, “¿cuál señuelo es mejor?”, “¿con qué señuelo pescaste el pescado de la foto?”
Pocas veces un “¿por qué elegiste ese señuelo?”, o “¿por qué lo usaste?”, sino marca, modelo, tamaño y color como si mágicamente el señuelo pescara solo, sin un porqué, sin una técnica de uso. El “¿qué usaste?” debería estar seguido del “¿por qué lo usaste?”, o del “¿cómo lo usaste?” Justamente estas dos últimas preguntas, las más importantes, son las menos frecuentes. ¿Y por qué son tan importantes estas dos últimas?, porque por ahí con ingenio podemos tener un muñeco parecido o que cumpla la misma función para poder así pescar de la misma manera y hasta mejor, porque a partir de un concepto podemos inspirarnos e ir más allá.
La trillada frase “No es la flecha, es el indio” cobra hoy más vigencia que nunca, simplemente porque los que quieren los deberes hechos piensan que teniendo la mejor flecha basta para pescar, compran cuanto señuelo ande dando vuelta sólo porque les dijeron que con ése pescaron, compran las mejores cañas y los mejores reels porque lo leyeron en internet (“fulanito usó la XX superfast action ultraplus con lowprofile 15 a 1 super power”), así que, aunque no tengan la menor idea de lo que significa todo eso, se los compran y listo porque así se pescan todo…
¡No!
Por más que tengan todos los señuelos del mundo, por más que tengan los mejores equipos, sin saber cómo funcionan los señuelos, sin saber cómo trabajarlos, sin saber dónde están los pescados, por donde pasan, sin ser precisos en los lanzamientos, quedarán librados a lo que les depare la suerte, pescarán por obra de la casualidad y no por propias virtudes.
Lo mismo ocurre con los lugares de pesca: sienten una necesidad imperiosa del “dato”, de saber dónde “hay pescado”, nada de perder tiempo buscando y probando, tratando de interpretar un lugar, mejor cortita y al pie, decime dónde pescaste y punto.
Me permití esta reflexión porque considero que muchos pescadores que se inician en la actividad, cometen este “pecado” sin darse cuenta, porque al tener tan a mano tanta información buscan la solución en las experiencias de otros y no en el agua. Piensan que sólo basta con leer para saber pescar y no es así.
¿Y por qué es tan importante no buscar los deberes hechos?,
porque las horas de lectura no son comparables a las horas en el agua.
La lectura nos tiene que proporcionar ideas para probar en el agua, experiencia que a su vez nos generará nuevas ideas.
Experimentando, errando y volviendo a probar, el aprendizaje es más sólido, aprendemos a resolver situaciones, aprendemos a elegir el señuelo adecuado, aprendemos a interpretar dónde están los pescados, en definitiva: aprendemos a pescar.
Todo lo que podamos leer acorta los procesos de aprendizaje, pero no los soluciona, uno aprende verdaderamente en el agua por sí mismo. Es muy importante la autocrítica cuando no pescamos: nunca uno no pesca porque le faltó un señuelo, salvo raras excepciones, seguramente obedezca más a una cuestión técnica que a un elemento del equipo, y en el caso que el motivo de fracasar en una pesca sea el equipo, es porque lo elegimos mal y no porque el equipo no sirva.
La pesca no es una ciencia exacta, nunca uno más uno es dos, siempre es distinto; por más que se parezcan, nunca se repiten las situaciones de pesca y eso es una de las cosas más lindas que tiene esta actividad.
La lectura es importante, pero no debemos buscar en ella las soluciones sino las ideas para aplicar en el agua, para generar conocimiento propio.
Si aplicamos este concepto, el bagaje de sapiencia será cada vez mayor y nos permitirá tener mayores chances de resolver situaciones; saber por qué elegir una caña, un señuelo o un reel, nos ahorrará dinero y, en definitiva, nos va a permitir pescar mejor.
Internet es un arma de doble filo. Es una fuente inmensa de información e ideas. Los que aprendimos a pescar antes de su existencia encontramos allí fácilmente datos que antes desculábamos a fuerza de ingenio, algún libro o revista especializados o alguna data que un pescador más experimentado nos podía proporcionar. Hoy tenemos todo eso muchísimo más al alcance de la mano. Aprovechémoslo como se debe, no pidamos los deberes hechos, busquemos nuestras propias soluciones, porque a la larga son las que nos darán mejores resultados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.